Hacer una obra con tres actrices para un solo papel ha resultado a los ojos de quienes de esto se han ido enterando: una locura. Y yo creo que sí. Pero ¿qué otra cosa son sino el
amor y la amistad?
Hemos renunciado voluntaria y concientemente a la capacidad de mesurar razonablemente nuestras relaciones. Estarán ustedes, entonces, ante una locura más o menos compartida. Estas
tres mujeres, damas, muchachas, féminas o viejas (como quiera que usted guste) han tenido la suya propia, su locura, de acompañarme en los últimos diez o quince años de mi trabajo
escénico. Quisiera decir, tener el cinismo de decir, entonces, que es un acto de gratitud; pero más bien, estoy seguro de que es incrementar sus derechos como acreedoras mías.
Espero que ustedes, el público de hoy y de los días que sigan, saquen algo de provecho de esto.
Germán Castillo